ACTO III
(Salen rápidos. Se
oyen lejanos dos violines que expresan el bosque. Vuelven los leñadores. Llevan
las hachas al hombro. Pasan lentos entre los troncos.)
LEÑADOR 1.º
¡Ay muerte que sales!
Muerte de las hojas grandes.
LEÑADOR 2.º
¡No abras el chorro de la sangre!
LEÑADOR 1.º
¡Ay muerte sola!
Muerte de las secas hojas.
LEÑADOR 3.º
¡No cubras de flores la boda!
LEÑADOR 2.º
¡Ay triste muerte!
Deja para el amor la rama verde.
LEÑADOR 1.º
¡Ay muerte mala!
¡Deja para el amor la verde rama!
(Van saliendo
mientras hablan. Aparecen LEONARDO y la NOVIA.)
LEONARDO
¡Calla!
NOVIA
Desde aquí yo me iré sola.
¡Vete! ¡Quiero que te vuelvas!
LEONARDO
¡Calla, digo!
NOVIA
Con los dientes, con las manos, como
puedas,
quita de mi cuello honrado
el metal de esta cadena,
dejándome arrinconada
allá en mi casa de tierra.
Y si no quieres matarme
como a víbora pequeña
pon en mis manos de novia
el cañón de la escopeta.
¡Ay, qué lamento, qué fuego
me sube por la cabeza!
¡Qué vidrios se me clavan en la
lengua!
LEONARDO
Ya dimos el paso; ¡calla!,
porque nos persiguen cerca
y te he de llevar conmigo.
NOVIA
¡Pero ha de ser a la fuerza!
LEONARDO
¿A la fuerza? ¿Quién bajó
primero las escaleras?
NOVIA
Yo las bajé.
LEONARDO
¿Quién
le puso
al
caballo bridas nuevas?
NOVIA
Yo
misma. Verdad.
LEONARDO
¿Y
qué manos
me
calzaron las espuelas?
NOVIA
Estas manos que son tuyas,
pero que al verte quisieran
quebrar las ramas azules
y el murmullo de tus venas.
¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Aparta!
Que si matarte pudiera,
te pondría una mortaja
con los filos de violetas.
¡Ay, qué lamento, qué fuego
me sube por la cabeza!
LEONARDO
¡Qué vidrios se me clavan en la
lengua!
Porque yo quise olvidar
y puse un muro de piedra
entre tu casa y la mía.
Es verdad. ¿No lo recuerdas?
Y cuando te vi de lejos
me eché en los ojos arena.
Pero montaba a caballo
y el caballo iba a tu puerta.
Con alfileres de plata
mi sangre se puso negra,
y el sueño me fue llenando
las carnes de mala hierba.
Que yo no tengo la culpa,
que la culpa es de la tierra
y de ese olor que te sale
de los pechos y las trenzas.
NOVIA
¡Ay qué sinrazón! No quiero
contigo cama ni cena,
y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera,
porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba.
He dejado a un hombre duro
y a toda su descendencia
en la mitad de la boda
y con la corona puesta.
Para ti será el castigo
y no quiero que lo sea.
¡Déjame sola! ¡Huye tú!
No hay nadie que te defienda.
LEONARDO
Pájaros de la mañana
por los árboles se quiebran.
La noche se está muriendo
en el filo de la piedra.
Vamos al rincón oscuro,
donde yo siempre te quiera,
que no me importa la gente,
ni el veneno que nos echa.
(La abraza fuertemente.)
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